LEP (Large Electron-Positron collider) era un acelerador-colisionador e+ e- circular de unos veintisiete kilómetros de longitud, situado a cien metros bajo tierra en la frontera entre Francia y Suiza. Actualmente está siendo reemplazado por el LHC. Era el último paso del complejo de aceleradores del CERN, y en él los electrones y positrones eran inyectados y acelerados hasta la energía final de colisión mediante el uso de cavidades de radiofrecuencia. Un sistema de imanes dipolares curvaba los haces de electrones y positrones obligándoles a seguir una trayectoria circular.
En el LEP, los electrones y los positrones circulaban en sentidos opuestos a velocidades relativistas, agrupados en paquetes (bunches) de aproximadamente 1.6 cm de longitud y una sección de 0.3 × 0.01 mm2.
Existían ocho puntos de colisión, en cuatro de los cuales había instalados sendos experimentos: ALEPH, DELPHI, L3 y OPAL.
LEP empezó a operar en Agosto de 1989 y aunque originalmente fue diseñado para la producción de bosones Z0 (cuya masa es de 91.2 GeV/c2), con energías por haz previstas para su primera fase en torno a los 45 GeV y luminosidades de 1031 cm-2·s-1, las distintas mejoras que en los últimos años se introdujeron en él (incluyendo la instalación de cavidades superconductoras) permitieron alcanzar energías por haz de hasta 104.5 GeV.
Se denominó LEP 2 (también LEP200 o LEP-II) a la segunda fase del acelerador de partículas LEP, en la cual se ha incrementó la energía de colisión en el centro de masas por encima de los 130 GeV. Este incremento permitió la producción de pares de bosones W± y Z0. Se esperaba que los sucesivos incrementos supusieran, incluso, el alcance del umbral de producción de nuevas partículas, como, por ejemplo, el bosón de Higgs. Las energías de colisión alcanzadas en el sistema centro de masas en cada año de funcionamiento, y la luminosidad integrada correspondiente recogida en el detector DELPHI, pueden verse en la siguiente tabla.
| Energía (GeV) |
Fecha | Luminosidad (pb-1) |
|---|---|---|
| 130-136 | Noviembre, 1995 | 6 |
| 161 | Julio/Agosto, 1996 | 10 |
| 172 | Octubre/Noviembre, 1996 | 10 |
| 183 | 1997 | 54 |
| 189 | 1998 | 158 |
| 192 | Julio, 1999 | 26 |
| 196 | Julio/Agosto, 1999 | 77 |
| 200 | Agosto/Septiembre, 1999 | 84 |
| 202 | Octubre/Noviembre, 1999 | 41 |
| 203-208 | 2000 | 224 |
Parte de la infraestrucutura del LEP (en particular su túnel toroidal de 27 km ha sido utilizada para construir el LHC (Large Hadrons Collider) o GCH (Gran Colisionador de Hadrones).

En el verano de 1989, el acelerador LEP (iniciales de Large Electron-Positron
collider o gran colisionador de electrones y positrones), del Laboratorio
Europeo de Física de Partículas (CERN), detectaba las primeras colisiones de
electrones y positrones. Ahora, 11 años más tarde, acaba de terminar su
distinguida carrera; las autoridades del CERN han decidido cerrarlo, a pesar de
las indicaciones muy recientes de señales de la partícula de Higgs (ver Asoma en
el CERN la partícula más buscada y El origen de la masa), la única que falta
para completar el modelo estándar de interacciones. Este cierre es algo que
muchos científicos sentimos profundamente. Y es que el ser humano tiene su mente
construida de tal manera que es capaz de sentir afecto (o repulsión) no sólo por
otros seres humanos, o animados, sino también por objetos materiales e incluso
por algo aparentemente tan frío como un aparato científico.
Los aceleradores de partículas son, sin duda, los instrumentos más gigantescos y
precisos construidos por el hombre. LEP, situado a caballo entre Francia y
Suiza, cerca de Ginebra, tanto en su versión original como en la última,
conocida como LEP200 (por llegar su energía a algo más de 200.000 millones de
electronvoltios) ha gozado y goza del cariño de los físicos de partículas,
teóricos y experimentales.
Legado impresionante
Por ello, nos parece apropiado dedicarle unas líneas; y no sólo por su legado
científico, ciertamente impresionante, sino porque este acelerador significó
algo muy especial en la ciencia, en particular en la europea. En efecto, desde
su construcción, LEP se constituyó en el más grande acelerador del mundo; y es
muy poco probable que sus 27 kilómetros de circunferencia sean superados en un
futuro próximo.
Pero además, desde un punto de vista técnico, es un instrumento que no tiene
parangón. Por LEP circulan -más bien, circulaban- partículas, electrones y
positrones, en direcciones opuestas. Van agrupados en pequeños paquetes de
tamaño micrométrico, donde cada uno de ellos contiene del orden de un billón de
electrones o positrones.
Estos paquetes (pensemos en gotas de un líquido) se cruzan en cuatro puntos
45.000 veces por segundo, y eventualmente un electrón de uno de ellos choca
frontalmente con un positrón del contrario, produciéndose una interacción (como
una pequeñísima explosión) cuyos fragmentos se registran en un detector que
rodea al punto de choque.
No es fácil darse cuenta de las maravillas de ingeniería que todo esto requiere.
Para que los paquetes se crucen en el lugar preciso, las partículas que los
forman tienen que ser guiadas por campos magnéticos de manera que se mantengan
dando vueltas durante varias horas en órbitas muy precisas. Y todo esto,
moviéndose a una velocidad que dista menos de diez billonésimas de la de la luz,
con lo que llegan a recorrer distancias equivalentes a hacer varias veces el
viaje de ida y vuelta a Plutón.
Todo lo relacionado con LEP está rodeado de similares alardes técnicos. Un
ejemplo ilustrativo: para saber la energía que llevan las partículas es
necesario conocer con precisión la longitud exacta de su recorrido (la
circunferencia de LEP). Ocurre que el suelo sobre el que descansa el acelerador,
como cualquier otra parte de la corteza terrestre, se deforma un poco
periódicamente debido al efecto marea (atracción de la Luna y el Sol). Este
efecto es pequeñísimo, de una fracción de un milímetro en 27 kilómetros, pero no
es despreciable para la precisión requerida por LEP, por lo que tiene que ser
tenido en cuenta.
Esta precisión de la ingeniería es respondida por una precisión comparable en
las medidas de magnitudes físicas realizadas. Es cierto que, a primera vista,
esta máquina no ha hecho ningún descubrimiento sensacional. Todo lo que en LEP
se ha medido era más o menos lo esperado. Pese a ello, su legado científico es
simplemente impresionante. Año tras año, en este acelerador se han ido haciendo
medidas con precisión antes considerada inalcanzable. Y estas medidas han
servido para conseguir que tanto la teoría de interacciones fuertes (subnucleares)
como, sobre todo, las unificadas de interacciones electromagnéticas y débiles,
lo que se conoce como el modelo estándar de la física de partículas, se hayan
convertido en algo que puede, sin duda, considerarse como el marco conceptual
más completo y elaborado de la historia de la física.
Entre las medidas de precisión hechas en LEP están algunas de las
determinaciones más exactas de la intensidad de las interacciones fuertes, la
medida más precisa de la masa y propiedades de la partícula Z y, en competición
con el colisionador de protones y antiprotones de Fermilab, cerca de Chicago (EE
UU), las medidas de masas y propiedades de las partículas W, así como el triple
vértice de interacción ZWW, predicho teóricamente en 1961 por Sheldon Glashow y
sólo observable con LEP200 (las partículas W y Z son las responsables de la
interacción débil, en particular de las desintegraciones radiactivas). También
el conjunto de medidas con gran exactitud de propiedades de otras partículas
(leptones, quarks c y b) realizadas en LEP constituirán por sí solas un legado
científico de primera magnitud.
Pero sin duda las más impactantes de las medidas realizadas con LEP son las de
precisión en interacciones electromagnéticas y débiles a gran energía (de 90.000
a 210.000 millones de electronvoltios), con unos errores inferiores al uno por
mil. La precisión de estas medidas es tal que, invocando argumentos de
consistencia interna del modelo estándar, fue posible inferir la existencia y la
masa del quark más pesado, el quark top, antes de que éste fuese descubierto
directamente, con las propiedades predichas, en el colisionador de Fermilab.
Todavía hoy, cinco años después de este descubrimiento, las propiedades del
quark top deducidas indirectamente de las medidas de LEP compiten en precisión
con las hechas sobre el propio quark en Fermilab.
Algo similar ocurre con la medida directa de la masa del bosón W, realizada en
Fermilab y en el propio LEP, y su inferencia indirecta a partir de otras medidas
de precisión de este último.
Finalmente, e independientemente de las señales observadas últimamente acerca de
la existencia de la partícula de Higgs, y que han prolongado la vida de LEP, la
evidencia más creíble de su existencia es la indirecta, debida a medidas de
precisión de otros procesos, en LEP. El que todas estas relaciones nada
triviales de consistencia del modelo estándar se cumplan es algo que no sabíamos
antes de que este acelerador echase a andar.
Lista de éxitos
Tal vez esta lista de éxitos explique el cariño que los científicos han sentido
hacia LEP; como españoles y europeos tenemos otras razones, además de las
científicas, para que LEP no pueda ser considerado un instrumento como otros. En
efecto, LEP fue el primer acelerador europeo que estaba claramente por delante
de lo que se hacía en EE UU.
El acelerador con objetivos similares que allí funcionó, el SLC de Stanford
(California), fue el que, a pesar de algunos éxitos notables, hizo de pariente
pobre en esta competición científica. Y podemos también destacar que, por
primera vez en la historia de la física subatómica (que comenzó con el siglo XX)
España ha contribuido al avance científico de una manera real, en condiciones de
igualdad con el resto de los países europeos.
Alrededor de LEP se han formado en España más de cincuenta jóvenes
investigadores, quienes han nacido científicamente sin el complejo de pensar que
ser español, o no serlo, tenga ninguna relevancia en conexión con hacer ciencia.
Finalmente, LEP también abre muchos interrogantes, el más espectacular de los
cuales es la posible existencia de la partícula de Higgs, de la que LEP nos ha
dejado tan cerca.
Después de tantos años de datos, podría parecer razonable un pequeño reposo.
Pero los físicos, como todos los humanos, no siempre se caracterizan por ser
razonables. Antes de que LEP terminase de funcionar, algunos ya perdían el sueño
por el siguiente proyecto: el LHC (Large Hadronic Collider), que ocupará el
mismo túnel y en donde tal vez algunos de los interrogantes abiertos por LEP
dejarían de serlo.
Bibliografia
digital.el-esceptico.org
enciclopedia.us.es