Un grupo internacional de científicos, en el que participan astrónomos de la Universidad Autónoma de Madrid, ha presentado observaciones a distintas longitudes de onda de estrellas que contienen sistemas planetarios en formación, revelando así similitudes y diferencias con nuestro Sistema Solar que pueden ayudar a entender en qué casos y de qué manera una joven estrella acaba rodeada de un sistema planetario.
La formación de sistemas planetarios similares a nuestro Sistema Solar es un proceso complejo que dura varios millones de años. Como no es posible esperar tanto tiempo para observar cómo se forman los planetas, los astrónomos observan sistemas planetarios con edades diferentes que se encuentran en distintos estadios de su formación, para así componer la historia de nuestro propio Sistema Solar.
La región conocida como Cefeo OB2, situado a 3 mil años-luz, ofrece a los científicos una idea del ambiente en que se movía nuestro joven Sol cuando se formó hace 4.600 millones de años. Dicha región contiene varias decenas de estrellas masivas y algunos cientos de estrellas muy jóvenes similares a nuestro Sol en sus comienzos, la cuales se encuentran en dos cúmulos (Tr 37 y NGC 7160) y tienen entre uno y doce millones de años, edades clave para la formación de planetas. Puesto que la mayoría de las estrellas más jóvenes se encuentra rodeada de discos de gas y polvo, llamados discos protoplanetarios, y que en las estrellas más viejas estos discos ya han desaparecido, los científicos deducen que la formación de planetas debe ocurrir en etapas intermedias.
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