Archive for July 23, 2012

Se incrementa la evidencia de hielo en el cráter Shackleton

De acuerdo con datos proporcionados por el Orbitador de Reconocimiento Lunar (Lunar Reconnaissance Orbiter o LRO, por su sigla en idioma inglés), de la NASA, es posible que hasta un 22 por ciento de la superficie del cráter Shackleton, en el polo sur de la Luna, esté compuesto de hielo.

El enorme cráter, llamado así en honor al explorador de la Antártida Ernest Shackleton, mide más de 3 km (dos millas) de profundidad y más de 19 km (12 millas) de ancho. El pequeño ángulo de inclinación del eje de rotación de la Luna indica que el interior de Shackleton está permanentemente oscuro y muy frío. Durante mucho tiempo, los investigadores han pensado que allí se podría estar juntando hielo.

Cuando un equipo de la NASA y científicos universitarios utilizaron el altímetro láser del LRO para examinar el suelo del cráter Shackleton, descubrieron que era más brillante que los suelos de los cráteres cercanos ubicados alrededor del polo sur. Esto coincide con la presencia de pequeñas cantidades de hielo reflectante conservado por el frío y la oscuridad. Los descubrimientos se publicaron en la edición de hoy de la revista Nature.

 

Shackleton (splash)

Esta visualización, creada usando datos proporcionados por el altímetro láser del Orbitador de Reconocimiento Lunar, ofrece una vista del cráter Shackleton localizado en el polo sur de la Luna. Reproducir video

Además de la posible evidencia de hielo, el mapa confeccionado por el grupo que se ocupó de investigar el cráter Shackleton reveló un cráter extraordinariamente conservado que ha permanecido relativamente intacto desde su formación, hace más de tres mil millones de años. El suelo del cráter se encuentra moteado con pequeños cráteres, los cuales pudieron haberse formado como parte de la colisión que creó al Shackleton.

“El interior del cráter es extremadamente escarpado”, comenta Maria Zuber, quien es la investigadora principal del equipo, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Massachusetts Institute of Technology o MIT, por su sigla en idioma inglés), ubicado en Cambridge, Massachusetts. “No sería sencillo gatear por allí”.

Mientras que el piso del cráter era relativamente brillante, Zuber y sus colegas observaron que las paredes eran incluso más brillantes. Al principio, el hallazgo fue desconcertante. Los científicos habían pensado que si en algún sitio del cráter hubiera hielo, este estaría en el suelo, donde no penetra la luz solar directamente. Las paredes superiores del cráter Shackleton son iluminadas ocasionalmente, lo que podría evaporar cualquier hielo que se acumule.

“Las mediciones del brillo nos han estado desconcertando desde hace dos veranos”, comenta Gregory Neumann, del Centro Goddard para Vuelos Espaciales (Goddard Space Flight Center, en idioma inglés), de la NASA, en Greenbelt, Maryland. Neumann es coautor del artículo.

Una teoría que ofrece el equipo para explicar el rompecabezas es que los “terremotos lunares” o “lunamotos” (movimientos sísmicos provocados por los impactos de meteoritos o por las fuerzas de las mareas de la Tierra) pudieron haber ocasionado que las paredes del Shackleton se desprendieran del suelo más viejo y oscuro, dejando así al descubierto un suelo nuevo y más brillante. El mapa de ultra-alta resolución del equipo de Zuber proporciona contundente evidencia de la existencia de hielo en el suelo y en las paredes del cráter.

“Pueden existir múltiples explicaciones para el brillo observado a través del cráter”, dice Zuber. “Por ejemplo, el material más nuevo puede estar expuesto a lo largo de sus paredes, mientras que el hielo puede estar mezclado con su suelo”.

http://ciencia.nasa.gov

Esta visualización, creada por el altímetro láser de datos del Orbitador de Reconocimiento Lunar, ofrece una vista del cráter Shackleton en el polo sur de la Luna.

Crédito NASA/Zuber, M.T. et al., Nature, 2012 – Production editor: Dr. Tony Phillips | Credit: Science@NASA

Para obtener más información sobre el LRO y el Altímetro Láser del Orbitador Lunar, visite: http://lunar.gsfc.nasa.gov.

Créditos y Contactos
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Sol Gil
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Sol Gil

Más información

El objetivo principal inicial del LRO fue llevar a cabo investigaciones con el fin de preparar las futuras exploraciones lunares. Lanzado en junio de 2009, el LRO finalizó su misión de exploración principal y ahora se encuentra en su misión científica principal. El LRO fue construido y es administrado por el Centro Goddard. Esta investigación fue financiada por el Directorio de Exploración Humana y Operaciones de Misiones, de la NASA, y por el Directorio de Misiones Científicas, en las oficinas centrales de la entidad, en Washington.

La sonda espacial confeccionó mapas del cráter con detalles sin precedentes, usando un láser para iluminar el interior del cráter y medir su albedo o reflectancia natural. La luz del láser mide a una profundidad que se puede comparar con su longitud de onda, o aproximadamente una micra. Eso representa una millonésima parte de un metro, o menos que una diezmilésima de pulgada. El equipo también utilizó el instrumento para confeccionar mapas del relieve del terreno del cráter, tomando como base el tiempo que tomaba a la luz del láser regresar de la superficie lunar. Cuanto más tiempo tomaba, menor era la elevación del terreno.

La estrella ‘SWIFT J1822.31606’, un magnetar anómalo en el universo

Un proyecto liderado por la investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Nanda Rea, ha descubierto el segundo magnetar anómalo del universo. Los magnetares, estrellas de neutrones con una masa un poco mayor que la del Sol, son capaces de contenerla comprimida en un radio de aproximadamente 10 kilómetros, mientras que el Sol requiere de 696.000 kilómetros. El trabajo, realizado desde el Instituto de Ciencias del Espacio, centro mixto del CSIC y el Instituto de Estudios Espaciales de Catalunya, aparece en el último número de Astrophysical Journal.

Imagen artística de un magnetar. / Nanda Rea y Jeff Michaud
aqui

La estrella SWIFT J1822.3-1606, ubicada a16.300 años luz de la Tierra, en la constelación de Sagitario, tiene aproximadamente una vida de 550.000 años, un objeto relativamente joven del zoológico cósmico.

“La directora de la investigación, Nanda Rea, detalla: “Contrario a lo que la teoría predecía sobre estos objetos, el magnetar muestra un campo magnético externo muy débil. El análisis de los datos ha demostrado que es el segundo objeto de su clase con un campo magnético débil, similar en intensidad al de los púlsares”.

La historia del descubrimiento

En la noche del 14 de julio del 2011, una repentina erupción de rayos gamma de la estrella SWIFT J1822.3-1606 fue observada por el instrumento BAT (Burst Alert Telescope) del satélite Swift de la NASA.

Tras la erupción, los investigadores dirigieron los instrumentos espaciales de rayos X hacia esa zona y se realizó un programa de monitorización del objeto durante varios meses. Al telescopio espacial Swift se le unieron Chandra, RXTE, Suzaku y XMM-Newton. Observaciones complementarias en el óptico con el Gran Telescopio de Canarias y en el infrarrojo con el Telescopio Infrarrojo UK en el Observatorio de Mauna Kea mostraron la ausencia de un objeto en esa zona en ese rango óptico e infrarrojo del espectro electromagnético, reforzando la teoría de la presencia de un magnetar.

Cambiando las teorías

“El descubrimiento ha puesto en duda la anterior categorización ya que este segundo magnetar presenta característica de su clase, como las erupciones magnéticas violentas, pero con un campo magnético externo similar a la de un radio púlsar”, destaca la investigadora del CSIC.

Hasta ahora, se creía que los magnetares se diferenciaban de los radio púlsares por tener un campo magnético muy intenso. El campo magnético de un magnetar es aproximadamente 1.000 veces mayor que el de un púlsar normal, que además es alrededor de 1.000.000.000.000.000 veces mayor que la del Sol. Además, estos campos magnéticos tan altos tienen líneas magnéticas tan retorcidas que de repente se rompen y experimentan erupciones de partículas de muy altas energías, tal y como sucede en el Sol. Por el contrario, los púlsares no sufren erupciones repentinas, y tienen una emisión quieta y tranquila.

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