Dejó en febrero una inesperada lluvia de meteoroides y puede volver a acercarse a nuestro planeta en 2016 y 2023. Existen posibilidades de colisión, aunque muy remotas.
El pasado 4 de febrero y ante la mirada atónita de muchos astrónomos, se produjo una pequeña “lluvia de estrellas” (en la imagen) que nadie esperaba ver. No fue gran cosa, pero constituyó igualmente una sorpresa mayúscula, ya que no estaba prevista. Ese tipo de fenómenos suele producirse cuando la Tierra se cruza con el rastro de polvo y pequeñas piedras dejado por la cola de un cometa, cosa que sucede periódicamente y en fechas muy concretas y conocidas. Pero no hay ningún cometa, que se sepa, cuyo rastro crucemos el 4 de febrero… ¿De dónde procedían entonces las partículas de polvo que causaron la lluvia de estrellas del 4 de febrero? Hace apenas unas horas, investigadores del Instituto SETI y el centro Ames de Investigación Espacial de la NASA han anunciado que puede tratarse del rastro de un cometa hasta ahora desconocido. Un cometa que, además, podría constituir una seria amenaza para la Tierra.
Las estrellas fugaces del pasado 4 de febrero llegaron hasta nosotros desde la dirección en la que se encuentra la estrella Eta Draconis, por lo que la lluvia fue llamada FEDs (February Eta Draconis). Los fragmentos con los que se cruzó ese día nuestro planeta tienen todo el aspecto, según los investigadores, de haber sido “sembrados” por un cometa de periodo largo, es decir, con una órbita tan excéntrica que solo pasa cerca del Sol cada mucho tiempo.
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